Diego Armando Messi

Diego Armando Messi

Transcurría el minuto 73 del partido en un silencioso y desértico Camp Nou cuando Leo se disfrazó de Diego. Llevaba oculto ese disfraz durante más de una hora. Hasta que recogió el balón en el balcón del área, se asomó con esa delicada zurda, conduciendo mimosamente el balón, antes de soltar un imponente disparo desde fuera del área. Era el 4-0 del Barça a Osasuna.

Pero nadie recordará el gol por su impacto en el resultado sino porque contenía uno de los mensajes más poderosos que se recuerdan en los últimos tiempos. De repente, emergió la figura de Diego Armando Messi, tal si fuera como cuando clonó ante el Getafe (2007) el gol maradoniano del Mundial de México-86.

A partir de ese momento, el mundo asistió al auténtico tributo que le dedicó el 10 al 10, provocando, al mismo tiempo, la imagen más rebelde de Leo. Estaba en Barcelona, pero, en realidad, estaba en Rosario, su casa, su patria.

Jugaba con el Barça, pero llevaba todo el partido jugándolo con la camiseta escondida de los leprosos, sintiendo que llegaría el momento. Y llegó. El Messi más argentino. El más transgresor.

El Barça lleva Nike, pero Leo se despojó de esa piel para enseñar una vieja zamarra de Adidas, curiosamente, la marca que le patrocina a él desde hace muchos años.

El Barça recibe 50 millones de Rakuten, su patrocinador principal, pero la imagen icónica de Messi unido a la figura póstuma de Maradona quedará vinculada a Yamaha.

No solo eso. Depositó la camiseta azulgrana en el césped mientras la audiencia mundial descubría la de Newell´s Old Boys, el equipo donde él comenzó a jugar. El mismo que no tenía dinero para financiar su tratamiento de hormonas de crecimiento. El mismo club donde Maradona jugó tan solo cinco partidos.

Y en uno de ellos, Jorge Messi llevó a su hijo Leo, que tenía entonces seis años, a ver el debut de Diego ante el Emelec ecuatoriano. Era 1993. Con esa zamarra apareció él, 27 años más tarde. Hasta el gol de Maradona ese día fue similar. Marcó, eso sí, con la derecha. Leo, con la izquierda.

“Con Emelec lo vi en vivo. Era chiquito, no me acuerdo de nada, pero sé que estuve”, confesó Messi hace años a TyC Sports.

En un momento donde la industria Messi y el jugador Messi están escrutados hasta el más mínimo detalle, llegó el giro definitivo. Apeló a su piel, a su sentimiento, colocando a Yamaha en su pecho y a Zanella, un fabricante de motos argentinas, que ha cerrado sus fábricas hace un año, en su espalda.

Dos marcas que no tiene contrato con él. Pero ubicadas por su emotivo gesto en el centro del universo publicitario. No hay dinero en el mercado, y menos en tiempos de pandemia, para pagar una imagen así. La foto del Messi más argentino. Más rebelde. Tal si fuera Diego desafiando las normas establecidas. Un revolucionario Leo. 

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