La burbuja de Lebron

La burbuja de Lebron

Los Lakers han vuelto al trono de la NBA. Y Lebron James se ha convertido en el primer jugador de la historia que logra la distinción del más valioso con tres equipos diferentes: Miami Heat, Cleveland Cavaliers y Los Angeles Lakers. 

Pero no ha sido un retorno nada normal de los Lakers a la cima para igualar, con 17 títulos, a los Boston Celtics, que también posee 17. Ambas franquicias dominan una NBA, que ha quedado este año marcada, evidentemente, por la pandemia, obligándole a una reinvención en todos los aspectos.

Tuvieron que construir una burbuja en Orlando para poder terminar la temporada y, sobre todo, sostener el negocio económico. Una burbuja que, con el paso de los años, será estudiada como modelo de estructura deportiva y, al mismo tiempo, de exitosa garantía sanitaria y de solvente recurso económico.

Una burbuja que ha reunido a 22 equipos durante tres meses en el parque de Walt Disney. No solo se buscaba a los nuevos dueños del anillo sino que se intentaba mitigar los 1.000 millones de dólares de pérdidas (850 millones de euros) que provocó el coronavirus, como ya anunció Adam Silver, el comisionado de la NBA.

Una burbuja tan cara de levantar (se necesitó una inversión de 150 millones de dólares, 126 millones) como imprescindible para sostener la industria del baloncesto norteamericano bajo las más estrictas medidas de seguridad. Se han realizado pruebas diarias a jugadores, técnicos y acompañantes de cada franquicia.

Siguiendo, en todo momento, un documento de 113 páginas donde se marcaban los pasos que debían tomar los habitantes de la burbuja durante los 96 días que han vivido dentro de ella.

En los 172 partidos disputados en estos tres meses antes de que Lebron honrara la memoria de Kobe guiando a los Lakers a su corona tras 10 años de abstinencia no se ha producido ningún positivo.

“Sabemos que el Covid 19 estará con nosotros en el futuro previsible y no nos queda más remedio que aprender a vivir con este virus”, proclamó Silver el pasado mes de junio, advirtiendo de que “no hay opciones sin riesgos en este momento”.

La NBA, como juego y como industria, ha sabido convivir con el virus. Primero impulsó la burbuja, que ha reunido a esas 22 franquicias y 1.500 personas en Florida. Una burbuja que jamás ha estallado.

Una burbuja para seguir jugando a baloncesto con la pandemia ahogando a los estadounidenses y su economía. Y una burbuja para seguir denunciando los viejos e inacabados problemas raciales de un país donde los jugadores de la NBA no han parado de repetir que “la vida de los negros importan”.

No era un mensaje vacío. Ni mucho menos. Lo han gritado cada vez con más fuerza. Primero lo colocaron en sus camisetas y después pararon los play-offs durante tres días, cansados de la brutalidad policial. En esa burbuja se ha construido algo distinto, un espíritu de lucha, un movimiento que pide igualdad racial y justicia social.

Han ganado los Lakers en el sexto partido de la final a Miami Heat (93-106). Ha aumentado su leyenda Lebron James, conquistando su cuarto anillo tras firmar un triple doble: 28 puntos, 14 rebotes y 10 asistencias. Emuló así a Michael Jordan, Bill Rusell y Kareem Abdul-Jabbar. Solo ellos tienen en la NBA, al menos, cuatro títulos y la misma cantidad de ‘MVPS’.

“Ahora yo quiero mi maldito respeto”, proclamó Lebron, quien a sus 35 años une su primer anillo con los Lakers a los dos que logró con Miami Heat y el otro que se puso con Cleveland Cavaliers.

Sin público, pero el deporte ha continuado. Sin ingresos porque los aficionados estaban en sus casas viendo la burbuja por la televisión, pero la industria ha continuado. Perdiendo dinero, pero no tanto.

Y la NBA ha sabido reinventarse en los complejos tiempos del virus. Fue la primera gran organización deportiva mundial que suspendió su competición en marzo pasado. La primera que ideó, creó, construyó y vivió en una burbuja. La burbuja de Lebron, que jugó (y ganó) para Kobe Bryant.

Pero nada es seguro para el nuevo curso de la NBA. Ni cuándo empezará, ni siquiera dónde (los pabellones siguen cerrados) porque nada es como fue antes. Todo está por explorar en la nueva temporada.

Pero sí ha sobrevivido gracias a la burbuja de Orlando. Una nueva ventana para el deporte profesional en tiempos pandémicos, repletos de incertidumbre. Una certeza en medio de la duda.

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