En números rojos

En números rojos

El virus ha traído números rojos al fútbol. Pero no solo la pandemia es la responsable de la inesperada, y grave, crisis económica que sacude a una industria que se creía inmune a todo. Capaz de sortear cualquier inconveniente, como demostró en el 2008, superando aquella caída financiera.

Pero el coronavirus ha situado al fútbol ante un espejo que no imaginó. Sobre todo a los grandes clubs que se creían, y lo eran, los dueños del negocio. De pronto, todos, o casi todos, han entrado en combustión dejando, además, al descubierto, los dañinos problemas estructurales que tenían.

Estaban ahí, pero ocultos siempre porque el circuito del dinero se movía con tan fluidez que esquivaban las sinuosas curvas que, de vez en cuando, asomaban peligrosamente sobre la industria.

El Barça ha anunciado pérdidas de 97 millones de euros. El Paris SG, uno de los clubs más ricos del mundo, también tiene anotados 120 millones de déficit, aunque no lo ha hecho público. La Juventus tiene 90; el United, 110 y la Roma, recién comprada este verano por Dan Friedkin, un multimillonario norteamericano, que invirtió 591 millones, ofrece un balance negativo de 204 millones.

Y el Dortmund ya intuye un futuro negro. Ha perdido 44 millones en el primer curso poscovid y anuncia entre 70 y 75 más de déficit para el curso 20-21, recién iniciado.

Lejos quedan los tiempos en que el Paris SG, con músculo financiero monstruoso como demostró cuando invirtió 400 millones de euros en dos jugadores (Neymar y Mbappé), se sentía con fuerza para todo. Llegó el virus y los números rojos son comunes en los grandes transatlánticos de la industria, zarandeado por una tormenta terriblemente perfecta.

El Madrid rompe esa tendencia que ha ahogado el fútbol europeo. A la espera de que presente oficialmente sus cuentas podría esgrimir 320.000 de euros de beneficio, según informó el diario Marca, como la bandera de la buena gestión.

En tiempos precovid sería una minucia; ahora, en cambio, es casi un tesoro. Números negros que chillan en medio de la depresión económica donde la manera de relacionarse entre los clubs ha cambiado radicalmente. El mercado ha cambiado. Y, tal vez, para siempre.

Se sabía que tenía que retornarse al intercambio puro y duro. La manera más simple y más antigua. Se desconocía, sin embargo, que ya los clubs no podían asumir los salarios que pagaban antes. Han tenido que regalar jugadores porque no podían asumir los salarios prepandemia: Suárez, Rakitic, Vidal, Bale, James…

No es que no se pueda fichar. No es que exista un límite salarial que estrangula a los clubs grandes. Los pequeños, curiosamente, se sostienen sobre los derechos televisivos, mientras los faros de la industria ya no tienen dinero. O el dinero que tenían antes. El dinero que volaba de país en país.

Desprovistos de los ingresos que genera un día de partido, las visitas a los museos y la liquidez económica que proporcionan los estadios cuando están abiertos, los grandes buscan auxilio. El balón sigue rodando, pero la industria va a otra velocidad. Mucho más lenta. Años de recesión están llegando. Ya han llegado.

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