Otoño en Roland Garros

Otoño en Roland Garros

El tenis vive su segundo Grand Slam tras la pandemia. O sea, el nuevo tenis se da cita en París, una ciudad que solía acoger en la primavera uno de los grandes negocios de su industria: Roland Garros.

Es otoño, el público no puede acudir a las pistas, como máximo se reunirán 1.000 personas en la remozada y moderna Philippe Chartrier, con techo retráctil y capacidad para 15.000 espectadores, y los jugadores, como Rafa Nadal, descubriendo un nuevo deporte tras el coronavirus.

Tan nuevo que el torneo parisino resulta toda una incógnita para el hombre que lo ha conquistado en 12 ocasiones. Todo es nuevo. La pista central es la joya de la corona, capaz de permitir jugar bajo la lluvia siendo el último Grand Slam que incorpora ese moderno y necesario techo.

En Australia, por ejemplo, ya se usa desde 1988. En Wimbledon, la catedral de la hierba desde 2009, y en el US Open desde el 2016. Tan impresionante inversión económica, compuesta por “once alas de avión”, llega en plena crisis pandémica.

Es un homenaje a Eugéne Adrien Roland Georges Garros (1888-1918), que fue un pionero de la aviación francesa y piloto de combate durante la Primera Guerra Mundial. Y mundialmente conocido por dar nombre al templo de la tierra batida, que estrena techo (se puede colocar en apenas 15 minutos) justo la primera vez que se celebra en otoño.

Un otoño triste y terrible por la pandemia, que ha obligado a la organización a asumir el descenso de los espectadores. Querían 5.000 aficionados en las pistas, pero serán 1.000 como máximo por la decisión gubernamental impulsada por Jean Castex, el primer ministro francés.

Todo controlado bajo un estricto protocolario sanitario, imposible, eso sí, de levantar una burbuja como sí ha hecho la NBA, reduciendo el número de acompañantes de cada tenista (Nadal solo tiene a su lado a Carlos Moyà, el entrenador, y Rafael Maymó, su fisioterapeuta), reunidos todos en un hotel designado por la organización.

En realidad, todos los ambicioso planes de Roland Garros han ido cayendo uno detrás de otro. De los 20.000 espectadores pasaron a los 15.000 repartidos entre las tres pistas y, finalmente, a los 5.000. Ahora apenas 1.000. O sea, 15.000 en las dos semanas que durará el torneo frente a los 520.000 que desfilaron el año pasado, con el consiguiente impacto económico que provocará.

Un duro impacto para Roland Garros, que no ha querido ponerle cifras a la miseria que deja la pandemia. “Decenas de millones de euros se han convertido en humo”, confesó Sthépane Morel, director general adjunto de la federación francesa de tenis, al diario L’ Equipe.

Y eso que la venta de entradas supone solo el 18% del dinero que recauda la Federación Francesa de Tenis (FFT), que tiene en Roland Garros el producto perfecto. A través de las dos semanas en Roland Garros obtiene el 80% de su presupuesto: 260 millones de euros sobre los 325 que ingresa.

Viaja, como todo el mundo, Roland Garros hacia lo desconocido. Una maravillosa y moderna pista central que se estrenará sin alma, jugadores llenos de angustia porque no han competido en meses (Nadal no lo hace desde febrero pasado) y unas condiciones nunca vistas antes.

“Son condiciones extremas. El juego es lento” (afecta de manera sustancial el cambio de la primavera al otoño) “y la pelota es una piedra para mí”, afirma quejoso Nadal, recordando que las nuevas bolas “son súperpesadas”. Se estrenan pelotas, unas Wilson más duras de toque que tienen, además, menos vida en el bote, que tienen, según los especialistas, el calificativo de ‘anti Nadal’.

“No botan tan alto como le gustan a Rafa y menos con la pista húmeda”, afirmó el sueco Mats Wilander, excampeón de Roland Garros, actual comentarista de Eurosport, quien cree que Djokovic, en cambio, será menos afectado por esas nuevas bolas.

“Pienso igual que mis compañeros, la pelota es más pesada, pero también es porque estamos en octubre y hace mucho frío. La arcilla está pesada y húmeda”, ha admitido el tenista serbio, que busca en París su décimooctavo Grand Slam para acercarse a los 19 de Nadal y 20 de Federer.

Todo ha cambiado. La tierra de Nadal, que ha ganado ocho de los 10 últimos Roland Garros solo interrumpido por Wawrinka (2015) y Djokovic (2016), tampoco es la misma. El negocio se mantiene por la televisión y los patrocinadores, pero el virus deja al público en su casa.

El poder de los estadios La Premier aún gasta
Your Comment

Leave a Reply Now

Your email address will not be published. Required fields are marked *