La Premier aún gasta

La Premier aún gasta

Hay dinero. Mucho menos que antes. Bastante menos, pero aún se mueve dinero, pese al coronavirus que ha detenido abruptamente la industria. O, al menos, en la Premier, la única gran Liga capaz de movilizar por encima de los 1.000 millones de euros en un mercado debilitadamente pandémico.

El impacto del virus ha sacudido al fútbol de tal manera que no solo ha alejado al espectador de los estadios, la segunda gran fuente de ingresos tras los derechos televisivos, sino que ha alterado el paisaje del mercado de fichajes.

Tradicionalmente era veraniego. Ahora es otoñal -se cierra el próximo 5 de octubre- porque las competiciones se han extendido tras el confinamiento en el que ha vivido el mundo. Y el Chelsea, un club que estaba sancionado por la FIFA en la ventana de la temporada pasada, se ha convertido en el motor económico de la Premier.

En tiempos de crisis, Roman Abramovich, el multimillonario ruso, que es dueño del equipo londinense, ha sido capaz de invertir 250 millones de euros en un mercado que ha viajado (y viaja) a cámara lenta. En España, por ejemplo, el Madrid no ha invertido ni un solo euro en fichajes, recuperando solo a jugadores (Odegaard y Lunin) que tenía cedidos.

El Chelsea, sin embargo, ha pagado 80 millones de euros por Havertz, el jugador alemán del Bayer Leverkusen. El fichaje más caro en un verano / otoño tremendamente austero, en el que la Premier ha recolectado todo el talento que se movía por Europa.

Un estudio del diario italiano La Gazettta dello Sport indica que la Liga inglesa ha movido 1.105 millones de euros. En su desglose de inversión, ha gastado 688 millones en salir de las islas para reclutar jugadores como Werner y Ziyech (Chelsea), Thiago Alcántara (Liverpool), James (Everton), Van de Beek (Manchester United), Ferran Torres (Manchester City) o la apuesta blanca del Tottenham por Bale (cedido) y Reguilón (comprado).

Aunque para ver la magnitud de la cifra que ha movido el torneo inglés basta comprobar que el segundo clasificado, la Serie A y favorecida por el régimen fiscal que hay en Italia, deja su volumen de negocio en 640 millones, 320 de ellos en fichajes realizados a clubs extranjeros.

El Nápoles, por ejemplo, ha firmado el traspaso más caro del calcio al pagar 70 millones de euros más 10 en variables al Lille por Osimenh, un delantero de 21 años.

Pero la dimensión real de la crisis que ha dejado la pandemia se sitúa en los 353 millones de la Liga española, con los 60 millones por Pjanic (que vino al Barça de la Juve en un intercambio financiero con Arthur, que lo valoró en 72) como el gran registro.

El segundo es Trincao, también del Barça, fichado en enero del Sporting de Braga, en tiempos en que no se conocía ni se sabía que existía el virus, por 31 millones de euros.

Luis Suárez, uno de los mejores goleadores del mundo, se ha ido gratis al Atlético de Madrid, símbolo de que es más valioso aligerar masa salarial con sueldos prepandemia, que obtener traspasos.

La Liga francesa, con 341 millones de euros, se acerca a la española y la Bundesliga, más vendedora que nunca, se queda en 279 millones de euros. Tiene al campeón de Europa y de todo (el Bayern ha ganado cuatro títulos de cuatro posibles), pero no gasta como antes, aunque antes de la pandemia pagó 45 millones al City por Sané.

El dinero, como es lógico, ha dejado de fluir en el circuito de los fichajes en todo el continente, excepto en Inglaterra. Quedan pocos días para que acabe el mercado y entonces se tendrá la foto real y auténtica del fútbol pospandemia. Una imagen radicalmente distinta que indicará la nueva tendencia de un deporte que vive de los derechos televisivos.

Otoño en Roland Garros El dinero americano
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