Una industria en crisis

Una industria en crisis

Si los clubs ricos andan en crisis, cuesta poco imaginar cómo están los pobres. Porque el fútbol ya está pagando la factura de la pandemia. Pero no es lo que ha abonado por la llegada del coronavirus que ha cerrado estadios y ha convertido el fútbol en un negocio bajo sospecha, a quien ni los derechos televisivos sostiene de pie.

El gran problema de esta factura es su duración. Andrea Agnelli, presidente de la Juventus y de la ECA (Asociación europea de clubs), ya ha advertido de que se dejarán de ingresar 4.000 millones de euros en los dos próximos años.

Eso para empezar. Nadie sabe si se prolongará aún más. Nadie sabe, por ejemplo, cuándo llegará la vacuna para combatir el coronavirus. Nadie sabe, por lo tanto, cuando la vida será normal. O como antes. Si es que algún día vuelve a ser así.

Tampoco nadie sabe el impacto real que ha tenido en las estructuras económicas del fútbol, sometidas, según Agnelli, a tal estrés que reventará todas sus costuras. El negocio o la industria, como se entendía hasta ahora, ha desaparecido.

El virus ha volatilizado todos los viejos principios. Los estadios siguen cerrados, se desconoce cuándo volverán a abrirse las puertas, y el público está en casa. No existe flujo de dinero por la venta de entradas ni por lo que se genera en un día de partido.

Como recalcó Agnelli esa caída de los 4.000 millones de euros impacta, según la FIFA, en un 90% en los clubs. El mercado de fichajes no se mueve. No hay dinero. No fluye. Han quedado desactivados los mecanismos que activaban un mercado al alza en la última década.

“Caerá entre un 20 y un 30% porque hay menos dinero circulando”, admitió el presidente de la ECA, indicando que “en términos cuantitativos impactará mayoritariamente en los clubs más grandes”. Pero el efecto de la onda alcanzará, como precisó Agnelli, “a los clubs medianos y pequeños que serán los que sufrirán más en términos proporcionales”.

Los formatos competitivos, como se vio en la final a ocho de la Liga de Campeones, que acabó conquistando el Bayern de Múnich sobre el Paris SG (1-0), se ven obligados a cambiar. Ganan en emoción, como sucedió también con la fase final de la Europa League, ganada por el Sevilla, pero pierden dinero.

Tienen los clubs, por lo tanto, que devolver 575 millones de euros a los operadores televisivos y, además, se han “destruido”, como subrayó Agnelli, fuentes de ingresos esenciales para la supervivencia de la industria, enfrentada a una crisis sin precedentes.

El balón continúa rodando, pero todo quedó parado a su alrededor. Y hasta dentro de un año, quizá “en otoño del 2021”, según indicó el presidente de la Juventus, no se podrá tener la fotografía real de tan increíble como inesperada crisis.

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