La ‘industria Messi’

La ‘industria Messi’

No es el traspaso. Ni siquiera aunque sea el traspaso más importante de la historia del fútbol. No basta medirlo en cifras. Neymar, en el verano del 2017, ocupa ese tan privilegiado honor cuando el Paris SG ejecutó la cláusula de rescisión de 222 millones de euros para llevárselo al Parque de los Príncipes.

Lo de Messi, en cambio, resulta mucho más que una operación deportiva porque significaría, si el capitán se sale con la suya, un cambio de poder en la industria del fútbol.

Messi se quiere ir del Barça. Y el club, como marca, perdería mucho dinero, consciente de que se enfrenta a un escenario pospandemia, donde los ingresos se han reducido, de momento, en un 25%. Además, la junta de Bartomeu ya intuye dejar de ingresar 320 millones en el curso 20-21.

Ahorra, eso sí, una ficha que está por encima de los cielos (cobra el argentino 50 millones de euros netos), pero llega débil y tiritando a las próximas negociaciones con sus patrocinadores principales: Rakuten (55 millones aporta la multinacional japonesa) y Beko (19).

Gana a corto plazo, pero pierde a corto, medio y largo plazo. Disminuye su impacto porque el Barça sin Messi es un equipo terrenal. Tanto en el césped como en la industria ya que, además, perdería a dos iconos en apenas tres años. El rey de los tres últimos lustros. Y el sucesor que venía de Brasil. Leo y Neymar.

Si termina en el City no acaba en un equipo más. Acabaría en un holding que se ha extendido por todo el mundo. Acabaría en la Premier, una liga que domina comercialmente todos los registros, muy por encima de la Liga española, la Bundesliga alemana y la Serie A italiana.

 Esa industria Messi, mucho más que un jugador de fútbol, se transformaría en el icono de una multinacional, cuyo club nodriza (el Manchester City), que ocupa el sexto lugar en la lista Deloitte de clubs más valiosos del mundo.

Capaz, además, de seducir desde la distancia al número uno (Leo) hasta intentar sacarlo del club de fútbol que más factura del planeta (Barça). Que es, a la vez, según Forbes, el segundo más valioso del mundo, solo por detrás del Madrid (1º) y por delante del Manchester United (3º), Bayern Múnich (4º) y City (5º).

Curiosamente, es la industria Messi el que se acerca al modelo City. Más allá del negocio que eso implica en términos económicos para el club y para la Premier, es tan simple como una cuestión de piel.

A sus 33 años, Messi ya sabe que el tiempo juega en contra suyo. Cada día que pasa es día perdido. Lleva demasiado tiempo perdiendo en Europa (han pasado cinco años de Berlín), por lo que llamó a Guardiola, el técnico con quien mejor conectó, aunque tuvieron, como es obvio, sus discrepancias, especialmente en los meses finales de su convivencia.

Busca un viaje a su glorioso pasado. Y por no por nostalgia sino por necesidad, sin saber que está provocando que la Premier sea mucho más rica que antes y que el giro mediático se concentre en las islas.

Ya lo era la liga inglesa recaudando 3.466 millones de euros por derechos televisivos ante los 2.037 que genera LaLiga española y los 1.100 de la Bundesliga. Y en la Premier no tenían a Messi.

En Italia disfrutan ahora de los años finales de Cristiano Ronaldo (Juventus). En Francia poseen a Mbappé y Neymar (Paris SG) como símbolo del futuro y del presente. En Inglaterra ya intuyen ver venir a Messi. ¿En España? El desierto.  

Una industria en crisis #HeyJude
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