Michael, Gregg, Lebron…

Michael, Gregg, Lebron…

por Marcos López


No ha dejado Michael de bailar. Primero, en las pistas; luego, en las pantallas; ahora, en la calle. Del silencio, cautivo y doloroso cuando era jugador, huyendo del compromiso social que le obligaba su majestuosa condición de símbolo del deporte, a la sacudida de solidaridad e implacable batalla contra el racismo que desprende su voz.

Entendió Michael que el documental de ESPN no era, ni debía ser, su último baile. Ni mucho menos. “Nos han vapuleado demasiado… En ciertos círculos el racismo es algo tolerado y no puede ser”, denunció Michael Jordan al diario Charlotte Observer en su nueva versión reinvidicativa.

“Hay que entender desde niños que eso no es tolerable. La educación es parte esencial para el cambio social”, reclamó el exjugador y propietario del franquicia de los Charlotte Hornets. Ha cambiado Michael, arrastrado, como todos, por el impacto del asesinato de George Floyd.

“Las vidas negras importan. Esta no es una declaración controvertida. Hasta que el racismo arraigado que permite el fracaso de las instituciones de nuestro país sea completamente erradicado, seguiremos comprometidos para proteger y mejorar la vida de los negros”, proclamó Michael en el comunicado en el que anunciaba junto a Jordan Brand, su marca, esa importante donación de 100 millones de dólares en 10 años.

Cambia Michael de giro, liberado de haber contado todos sus demonios en ese documental en el que mundo, mientras estaba confinado en casa, volaba junto a él. “Se te va el alma así, es algo que ya no se puede aceptar. Es un punto de inflexión”, reclamó Jordan. “Tenemos que ser firmes”.

Y firme se ha puesto. Colocándose ya en la primera línea para ayudar a esas organizaciones “dedicadas a garantizar la igualdad racial, la justicia social y un mayor acceso a la educación”.

Es, sin duda, el mejor baile de Michael. “No se trata solo de donar dinero ni de firmar cheques. Tenemos la misión de que todos nos miremos en el espejo y atacar el racismo inherente en la sociedad”. Educar para combatir y erradicar una lacra que dura demasiado.

No es el único. “Como persona blanca estoy avergonzado”, proclamó indignado Gregg Popovich, un mito de los banquillos, el entrenador que ha guiado a San Antonio Spurs a la cima con cinco anillos de la NBA.

Está Michael y está también Gregg, hijo de madre croata y padre serbio, nacido en Indiana, actual seleccionador norteamericano de baloncesto. “Ver un linchamiento en realidad. Todos lo hemos visto en libros, en los libros ves a gente negra colgando de los árboles. Y te sorprende. Pero lo hemos visto otra vez. Nunca pensé que vería eso con mis propios ojos, en tiempo real”.

Y también Lebron James baila con ellos. “Haré un cambio para nosotros, no me detendré hasta que lo vea”. Todos gritan. Y aunque la fuerza de su voz sea tremenda, de momento resulta insuficiente contra el racismo.

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