De Valencia a Disney

De Valencia a Disney

por Marcos López


El baloncesto siempre ha sido un deporte creativo. Avanzando en la búsqueda de soluciones imaginativas para intentar captar la atención del aficionado para conquistar audiencia al todopoderoso y omnipresente fútbol.

Pero desde que llegó la pandemia hace casi tres meses y el balón no voló en busca de ninguna canasta, todo se detuvo. Y el negocio quedó, obviamente, encallado.

Hasta la Euroliga, prisionera de unos problemas logísticos, ha tenido que renunciar por vez primera en 20 años a designar campeón. Pero tanto la ACB (asociación de clubs españoles) como la NBA (liga norteamericana y faro de esta industria) se resisten a claudicar, diseñando soluciones creativas en lo deportivo y, por supuesto, en la comercial.

La ACB ha escogido una fase final del campeonato en una sede única: el pabellón de la Fonteta de Valencia, que le permite tener a los jugadores en un escenario de máxima seguridad sanitaria, resolviendo el título del 17 al 30 de julio. Juan Roig, el mecenás del equipo valenciano, ha sido la pieza clave.

14 días de puro baloncesto. Pero a puerta cerrada, como exige el virus. Y con dos jornadas de descanso. En el mejor de los casos, un equipo disputará siete encuentros. El formato de la competición es ágil y rápido.

Se trata de que el baloncesto sea un espectáculo televisivo capaz, como recordó Antonio Martín, presidente de la ACB, de “conectar con todos los aficionados”. No solo de los 12 equipos presentes en Valencia sino del resto del mapa español.

Serán 33 partidos en dos semanas con los jugadores concentrados en una misma ciudad, con tan solo seis equipos que no competirán en este modelo:  Manresa, Obradoiro, Betis, Murcia, Fuenlabrada y Estudiantes. Y no habrá, por lo tanto, descensos al no poderse finalizar la temporada regular.

Es un formato exprés, aprovechando el tiempo al máximo para sostener el deporte y el negocio del baloncesto. Tanto en la Liga ACB como en la NBA, que lleva semanas negociando la posibilidad de concentrar a los equipos durante tres meses en el parque de Disney en Orlando.

La liga norteamericana diseña incluso la posibilidad de que las familias de los jugadores puedan acceder, ya cuando haya equipos eliminados, a esa burbuja de Orlando.

La NBA trabaja en una fórmula con 22 franquicias. No las 30 que componen la Liga. Se han incluido los 16 equipos que están en la zona de play-off más seis que podrían tener acceso. No se jugarían, por supuesto, los 259 partidos que faltaban de la temporada regular sino 88. Y cada equipo disputaría ocho antes de los play-offs

En Orlando arrancaría la nueva NBA el próximo 31 de julio y se conocería el campeón en un play-off tradicional, a siete partidos, entre el 7 y el 12 de octubre. Si un jugador da positivo por coronavirus, será puesto en cuarentena, pero no será detenida la competición

En Valencia está a punto de volver el baloncesto. En Disney, también Está en juego un balón. Y la viabilidad de un negocio que, como dijo Adam Silver, el comisionado de la NBA, ha tenido que aprender “a convivir con el virus”.

Viajar de marzo hasta diciembre sin NBA implicaría unas pérdidas de 1.000 millones de euros. Solo en derechos de televisión. El 40% de los ingresos totales de la NBA, involucrada más que nunca en la lucha contra el racismo, provienen de los propios aficionados de la competición. Y eso ya ha desaparecido.

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