Prisas sin sentido

Prisas sin sentido

por Marcos López


Prisas y más prisas. Aún no ha vuelto el fútbol en España (lo hará a partir del próximo 11 de junio) y el debate, envenenado como siempre, sin reparar en que se ha vivido la pandemia más grave en el último siglo de la humanidad, se ha instalado. ¿Cuándo volverán los aficionados a los estadios? Como si eso fuera ahora verdaderamente trascendente.

Hay más prisa para que regrese el aficionado al campo que en recuperar la normalidad de los niños visitando a diario sus colegios. ¿Qué sentido tiene? ¿Por qué tanto correr? Acaso no existen aspectos más esenciales por resolver antes.

Se sabe que el fútbol, como deporte e industria, tiene reglas propias, generando, como no para de recordar el propio Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), el 1,4 del PIB (Producto Interior bruto) de España.

Y también se sabe que el aficionado tiene ganas de regresar a su asiento en el estadio, un síntoma de que, poco a poco, iría recuperando espacios que el coronavirus le arrebató con brusquedad. Pero antes hay cosas más importantes que hacer, teniendo en cuenta, además, que el seguidor dejó de ser el elemento central en la relación con el club.

Son propietarios de sus sentimientos, pero se les ha mirado más como clientes y consumidores. Más pendientes los clubs del negocio que le genera el público que de la relación sentimental que se tejió al inicio como eje.

Ahora, todo son prisas. Prisas para que vuelvan a venderse las entradas, prisas para que se active el negocio perdido en un día de partido. Prisas para que las tiendas reabran, se vendan camisetas y la rueda, detenida desde mediados de marzo por la pandemia, vuelva a girar.

Prisas como las que exhibió Miguel Ángel Ramírez, presidente del Las Palmas, dispuesto a abrir dentro de 10 días el estadio Insular para recibir al Girona. “Canarias es un destino seguro; podemos convertirnos en el único estadio de las grandes ligas en volver a jugar con público en las gradas”, proclamó el dirigente usando, de nuevo, el fútbol como ejemplo social.

“Mientras no estén todos los clubs en la misma fase sanitaria, es imposible que haya público en los estadios”, respondió Irene Lozano, presidenta del Consejo Superior de Deportes (CSD), para frenar tanta prisa.

En Alemania, la Bundesliga inauguró hace más de dos semanas y media el nuevo fútbol. A puerta cerrada. Portugal, la sexta mejor Liga del continente, será hoy el segundo país europeo en reanudar la actividad. A puerta cerrada, claro. Y reclamando, como hizo Rui Pedro Soares, el presidente del Belenenses, que “los aficionados no se acerquen a los estadios y vean los partidos con seguridad” .

No es ya suficiente triunfo que el fútbol esté a punto de regresar en España, viniendo de donde se viene. De una terrible pandemia mundial que ha dejado miles y miles de muertos. No basta con acabar la Liga y sostener, al menos, una parte del negocio. ¿Por qué no entrar en la fase de la paciencia?

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