Kanté, Deeney…

Kanté, Deeney…

por Marcos López


En el segundo día de la fase uno, él ya no estaba. N’Golo Kanté, uno de los mejores centrocampistas del mundo (despliegue, fuerza, colocación, inteligencia táctica, llegada…), no apareció por Cobham, la ciudad deportiva del Chelsea.

Tenía miedo. Es lógico tener miedo al coronavirus. Miedo y el recuerdo trágico de la pérdida de su hermano poco antes de que arrancara el Mundial de Rusia, donde se proclamó campeón con la rocosa Francia de Deschamps.

Miedo lógico porque él mismo había sufrido un desmayo en pleno entrenamiento meses antes de ir a besar la copa más preciada en territorio moscovita.

En el segundo día de la fase uno, Kanté (29 años) prefirió quedarse en casa. Y Frank Lampard, el entrenador del Chelsea, respetó como debía esa decisión tan humana de espantar los miedos y las angustias lejos del campo de entrenamiento.

En estos largos meses de pandemia, a la que no se ve fin aún, los técnicos han tomado prestado el rol de psicólogos. “No quería bombardearlos con mensajes para que no se aburrieran de mí, pero quería que supieran que estoy aquí”, contó Lampard como parte de su estrategia en las videos charlas a través de Zoom con sus jugadores.

Recordando luego el técnico del Chelsea que en el reinicio del trabajo “todos somos diferentes y lo hemos visto con la reacción de los jugadores y eso debe respetarse en todos los sentidos”.

Respeto por Kanté y sus miedos, pese a que como dijo el propio Lampard, el “fútbol está en la edad de piedra” a nivel de trabajo mental. Respeto por todos aquellos que a diario pisan la silenciosa ciudad deportiva del Chelsea, mientras la Premier busca acuerdos y pactos para que el balón regrese al césped inglés.

Y Kanté no está solo. Hay más que piensan como él. Troy Deeney, capitán del Watford, también piensa igual. Su miedo es aún mayor, si es que existen miedos pequeños o grandes.

“Solo se necesita una persona para infectarse dentro del grupo y no quiero traer eso a casa”, ha dicho Deeney, delantero de 31 años y máximo goleador histórico del Watford. Expresa así, y con realidad, todos sus temores. “Mi hijo tiene solo cinco meses, tenía dificultades para respirar, así que no quiero volver a casa para ponerlo en mayor peligro”.

Con todo el derecho del mundo, siguen trabajando Kanté y Deeney, entre otros, desde sus hogares.

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