The Jordan rules

The Jordan rules

“Ganar tiene un precio. El liderazgo tiene un precio (…) Yo tiraba de los compañeros cuando ellos no querían. Los desafiaba cuando no querían desafíos. Si entras al equipo debes estar a la altura de mi forma de jugar, no me conformo con menos. Si significa que tengo que apretarle las tuercas a alguien, lo hago. Mis compañeros podrán decirte: ‘Lo cierto es que Michael Jordan jamás me pedía que hiciera algo que no hiciera él’. Cuando la gente vea esto, dirá: ‘No era muy amable, quizá era un tirano’. Eso lo dirás tú, que no has ganado nada. Yo quería ganar, pero también quería que ganaran ellos.  Así es como juego. Esa es mi mentalidad. Si no quieres jugar así, no lo hagas. Corta”

Es la transcripción literal del final del capítulo 7 de ‘The last dance’. Michael Jordan reflexiona sobre su cuestionada forma de liderar, se emociona y le pide al director Jason Hehir que pare la grabación. No va más. Es el clímax de la exitosa serie documental de ESPN y Netflix que explica la intrahistoria de los 6 anillos ganados por los Chicago Bulls de los 90.

Una serie que, sobretodo, retrata y analiza el rol de líder absoluto de Michael Jordan. Un auténtico tratado sobre el liderazgo del mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos. Un icono global que, 17 años después de retirarse, gana más pasta al año que cualquier deportista en activo. 

¿Podrían haber conseguido Jordan y sus Bulls todo lo que lograron sin haber sido el 23 como fue/es? Esa es la pregunta que sobrevuela todos y cada uno de los 10 capítulos de ‘The last dance’. La respuesta, a gusto del espectador.

La serie te ofrece las herramientas para extraer tus propias conclusiones. Te da el contexto, con riqueza de situaciones, personajes y diferentes líneas temporales. Te permite revivir la historia y ser testigo de unos hechos. Desde dentro y desde fuera.

Cómo Jordan descubre (contra los Bad Boys de Detroit) que su talento mayúsculo necesita un Equipo para hacer de Chicago una franquicia ganadora. Cómo consigue que sus compañeros le sigan. Cómo los pica. Cómo los humilla. Cómo se complementa con Phil Jackson.

Cómo busca la motivación en cualquier detalle. Cómo se bate con los rivales. Cómo supera a Bird y a Magic. Cómo impulsa a Nike. Cómo lleva ser el mejor. Cómo maneja la presión y los golpes que, com a cualquier humano, le da la vida. Cómo busca vías de escape discutibles. Y cómo se confirman y amplían algunas conductas reprobables que ya apuntaba en 1992 Sam Smith, periodista del Chicago Tribune, en el libro “The Jordan Rules”

Jordan es un pack. Sin esa mentalidad tiránica, sin esa pose soberbia, ni él ni los Bulls hubieran hecho Historia. Aunque nunca lo sabremos. “Ganar tiene un precio. El liderazgo tiene un precio”.

Jordan lo asume con naturalidad. Y yo pregunto, ¿no tenemos todos nosotros un pequeño o un gran lado oscuro que saldría a la luz si Netflix o ESPN nos hicieran un documental sobre nuestra vida? 
Lo más grande de Jordan, y eso es de agradecer aunque haya tardado más de 20 años en dar el sí, es que finalmente ha aceptado el reto de exponerse, ofrecer su versión y rebatir lo que haga falta. Como si ya estuviera en paz consigo mismo.

Y lo hace desde la misma posición de superioridad que ocupaba cuando jugaba. Sentado en una posición corporal que lo dice todo, con un ¿whisky o tequila? al lado (hay diferentes versiones), con un puraco preparado para cuando se apaguen los focos y con los ojos sospechosamente enrojecidos… Le da igual. Jordan está por encima. Nos sigue mirando desde el aire.

Diez, seis, cinco... Fussball
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