“El mayor desafío de…”

“El mayor desafío de…”

“Estamos ante el mayor desafío de nuestras vidas”. En realidad, poco importa quien sea el autor de esta frase. Podría ser suscrita por cualquier ciudadano del mundo, político, presidente de club. O una persona anónima. Da igual quien la diga. Es tan real como esa pandemia del coronavirus que ha llevado al mundo al desafío más gigantesco que jamás se hayan encontrado varias generaciones.

Lleva la firma de Adam Silver, el comisionado de la NBA. Y trasladó esa reflexión directamente a los jugadores de la mejor liga de baloncesto del mundo, que han hecho del espectáculo una forma de vida. Hasta que el virus dejó sin botar a la pelota.

Mientras los aficionados se entretienen y disfrutan con ‘The Last Dance’, el maravilloso documental de ESPN sobre la figura de Michael Jordan, la NBA busca soluciones imaginativas para reactivarse. Y arrancar la parada industria del baloncesto. 

De ahí, la magnitud del reto, con Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, transformando el retorno del deporte profesional norteamericano en una auténtica prioridad. Y no solo es una prioridad de negocio.

Pero la NBA no sabe todavía cómo hacerlo. Su modelo de negocio, como recordó Silver, se sostiene “en un 40 % por la venta de entradas” a sus aficionados, algo que esta temporada no podrá hacer. Si es que se reanuda. Y, tal vez, tampoco se permita la entrada a los seguidores en el próximo curso, que podría arrancar en diciembre, si no se halla la vacuna. 

Trabaja Silver , como ha reconocido, en reunir a los equipos en “una o dos ciudades” (Las Vegas y Orlando asoman como principales candidatas) para poder terminar el curso. Con el aficionado, obviamente, confinado en su casa y el negocio televisivo puesto en marcha. Pero se enfrenta al miedo lógico de los jugadores.

Fue la NBA la primera en reaccionar, y con energía, cuando se supo el primer positivo por coronavirus, el de Rudy Gobert, jugador de Utah Jazz, cancelando la competición de manera inmediata.

Hay 30 franquicias pendientes de los movimientos de Silver. Había presupuestado unos ingresos de 8.000 millones de dólares en esta temporada (7.300 millones de euros), algo que es tan irreal como utópico por el coronavirus.

Quedan por jugar aún 259 partidos. Es el 21% de la temporada regular, sin contar, claro, los ‘play-offs’. Y cada partido supone unos ingresos en torno a los dos millones de dólares (1,8 millones de euros). Si el balón no vuelve a las canchas, la NBA se expone a unas pérdidas de 1.000 millones de dólares (920 millones de euros). 

Todo está en el aire. Y el último y delicioso baile con Michael está a punto de acabarse. 

Miedo ¿Quién piensa en ellos?
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