El abrazo pendiente

El abrazo pendiente

Lo tengo grabado a fuego. Todavía recuerdo esa sensación. Ha habido otros, claro que sí. Pero ese, por algún motivo, rebota en mi mente desde hace más de 50 días.

Fue un miércoles de octubre. Ivan, un buen amigo, se citó conmigo en una plaza del barrio barcelonés de Gracia. La idea era tomar algo en una terraza y charlar sobre, por aquel entonces, mis nuevos proyectos personales mientras estaba en el paro. 

De repente, Ivan recibió una llamada. Su compañero habitual de andanzas en el Camp Nou se desmarcaba de la cita para esa noche, todo un Barça – Inter de la fase de grupos de la Champions. Enseguida me miró y con su habitual don para compartir sin esperar nada a cambio, me dijo: “¿Haces algo ahora? ¿Quieres venir conmigo al partido?”.

Sin dudarlo un instante respondí que sí. 

El equipo empezó perdiendo, con un mazazo de Lautaro Martínez. Pero con el marcador en contra, Ivan sólo repetía un único mantra: “Tranquilo, en la portería donde estamos siempre caen los goles importantes en las noches mágicas. ¡Remontaremos!” Y a fe que su visión de pitoniso se cumplió. 

Suárez metió el del empate y nos miramos con esa sonrisa cómplice del que sabe que puede ser. Cuando el encuentro tocaba a su fin, una genialidad de Messi combinada con otra todavía mejor de su vecino charrúa, obraron el vuelco en el resultado. 

Y ahí llego ese momento. El momento del abrazo loco, del abrazo sentido, del abrazo cálido y que parece durar una eternidad. Un abrazo que te reconforta, que te dice “estoy aquí, somos un equipo y lo hemos logrado”. Esa emoción indescriptible de sentirte querido y de querer al mismo tiempo.

Desde hace semanas echo de menos esa sensación. La de rodear y estrechar a mi gente sin decirles prácticamente nada, sólo comunicándonos con ese apretón de brazos contra espalda, con esa calidez, con ese saber implícito que todo va a salir bien. 

Después de casi dos meses confinados, ese momento está más cerca de volver. El de sentir que, pese a lo mucho que ha caído, nos tenemos los unos a los otros. El de respirar aliviados porque lo hemos superado. El de “vamos a estar mejor”. El de decir, sin decir nada, un “te quiero, estoy a tu lado”.

¡Por Dios, como echo de menos los abrazos!

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