Silencio, no se juega

Silencio, no se juega

Primero movió ficha Roland Garros, desplazándose, sin consultar a nadie, hasta el 20 de septiembre, convencido de que la tierra estará lista. Luego, la hierba de Wimbledon, pulcra y mimosamente cuidada, sintió la fiereza de la pandemia y, como solo había ocurrido en las dos primeras Guerras Mundiales que ha vivido el planeta, cerró sus puertas.

Pero el All England Club, previsor como no lo ha sido nadie en este coronavirus, tenía una póliza de seguros para minimizar los impactos económicos de tan drástica como necesaria decisión.

Es el único de los grandes acontecimientos mundiales que tenía suscrito ese acuerdo desde el 2003 cuando apareció el virus SARS. Por eso, según informó el diario británico The Times, recibirá 114 millones de euros.

En el centro nacional de tenis Billie Jean Kin, sede del US Open, se ha ubicado un hospital dentro de la pistas de entrenamientos, mientras se utiliza el Louis Armstrong Stadium, la segundo pista más grande, como comedor gigante donde se preparan paquetes de comidas que se enviarán a pacientes, trabajadores y escolares. Se producen 25.000 paquetes por día.

Ahora, Roland Garros ha quedado ubicado en ese virtual calendario justo después del US Open. Aunque nadie sabe si se terminará jugando, exponiéndose entre ambos Grand Slams a una pérdidas que rozarían los 250 millones de euros.

Y como ocurre en muchos deportes, el tenis tampoco escapa al conflicto de intereses, el desgobierno, el cruce  de reproches, ahora oculto por la pandemia, en busca de su verdadero lugar. Ahora será un nuevo lugar tras decisiones unilaterales, como la de Roland Garros (inicio cancelado el 24 de mayo; inicio complejo el 20 de septiembre), que añaden más estrés a una situación de por sí dramática

Y la auténtica crisis no está en el estrato superior del tenis. Ni de los 100 primeros tenistas de la ATP. Ese no es el verdadero problema. Ni el de las 100 mejores mujeres de la WTA.

La crisis está en los estratos inferiores. No pasa la bola por encima de la red desde hace semanas y un tenebroso paisaje se acerca, como ha advertido Angelo Binaghi, presidente de la federación italiana de tenis.

“Los jugadores recogerán las bolas y ya no podrán viajar con equipos tan grandes detrás. Se volverá a los años de entrenador-jugador. El público entrará y saldrá en fila, se sentará distanciado, con máscaras y desinfectantes para todos. Durante un año o dos nada será como antes”, advierte Binaghi. 

Silencio, no se juega. 

¿Cuándo? ¿Y cómo? “Yo aconsejo no jugar”

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