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“Yo aconsejo no jugar”


“Yo aconsejo no jugar”


En Italia, como ya se atisba que ocurrirá en todos los países del mundo y con todos los deportes, dudan sobre la idoneidad de que sea factible el retorno. «¿Volver el fútbol? Yo no daría el OK», dijo Gianni Rezza, director del departamento de epidemiología y enfermedades infecciosas del instituto superior de sanidad italiano (ISS).

Esa es la opinión científica, pero la industria no para de explorar nuevos calendarios, todos líquidos, que le están llevando ya al verano sin entender que la única voz con credibilidad procede de un enemigo invisible al que, de momento, no se le haya antídoto.

«Yo aconsejo no jugar», sostiene Rezza, asumiendo que «el fútbol es un deporte de contacto por lo que existiría un cierto riesgo de transmisión». Es, como él mismo decía, «una opinión científica porque luego la política decide», recalcando que le parece una «hipótesis un poco extraña» realizar test médicos cada día.

En lo que no hay duda alguna es que cuando vuelva al fútbol, y tal vez los demás deportes, tendrá que ser a puerta cerrada. Antes se argumentaba incluso como elemento de cohesión social en medio de tan terrible pandemia; ahora, en cambio, ya se entiende en España, Alemania, Inglaterra y Francia que el público será solo consumidor televisivo.

El negocio quiere continuar. Si le deja la pandemia. Ni en tiempos así, llenos de zozobra, miedo e incertidumbre, se han eliminado las peleas domésticas, lamentablemente comunes en todos los países.

Y el fútbol, que se creía indestructible, sostenido, sobre todo por la lluvia de millones que le inyectaban a diario las cadenas de televisión, ha descubierto su terrible vulnerabilidad. Como todos. 

Silencio, no se juega Una verdad detrás de otra
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