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Con ruido y sin ruido

Estaba cantado. Todos sabíamos que el Real Madrid también lo iba a hacer. El club blanco ha llegado a un acuerdo con la plantilla del primer equipo de fútbol para que los jugadores se rebajen el sueldo entre un 10 y un 20%.

Florentino Pérez esquiva el ERTE y el club, paciente hasta encontrar el momento ideal, evita el ruido que estalló en Barcelona tras una nefasta gestión y una pésima comunicación de lo que era, sin duda, una buena noticia para el Barça.

Millón arriba, millón abajo, el ahorro de ambos clubes será similar. La imagen, muy diferente. Sirva este caso como paradigmático para explicar lo que ahora mismo son, a nivel institucional, Real Madrid y Barcelona.

Tan iguales, tan distintos. Son dos entidades simétricas: marcas globales, propiedad de sus socios, con una facturación parecida y con una dimensión social extradeportiva…

Dos auténticas anomalías en la élite de un fútbol europeo cada vez más copado por clubes propiedad de estados, multimillonarios, oligarcas, fondos de inversión o pequeños accionistas. Son dos empresas multinacionales que, cada 4, 5 o 6 años, según la Ley del momento, deben convocar elecciones para renovar su consejo de administración/junta directiva.

En los tiempos en los que el fútbol era solo un sólo un deporte, bien. En el momento en que el fútbol se convirtió en una industria (última década), ojito. Y es ahí donde Barça y Real Madrid son diferentes: en la manera de ser gobernados en esta era de súper profesionalización del fútbol. Con ruido y sin ruido.

El ruido no se detiene en el Camp Nou. Ni en tiempos de terribles pandemias. Aumenta y aumenta. Hasta seis directivos han abandonado la junta denunciando Emili Rousaud, ya exvicepresidente, que «alguien ha metido la mano en la caja del club».

Mientras el Barça debe superar y supera crisis internas cíclicas con aires autodestructivos que se amplifican cuando huele a elecciones, en el Madrid lidera un presidente todopoderoso que navega en las situaciones difíciles sin viento en contra.

No juzgo, cada club es como es y así han engrandecido sus respectivas leyendas. Puede ser una cuestión de liderazgo. O de entorno social, político y cultural. O de ADN. Lo que sea, pero el Barça post-coronavirus (y post-Bartomeu) deberá bajar los decibelios si no quiere quedarse sordo.

Una verdad detrás de otra Creatividad
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