“Pedimos disculpas”

No era el primer club de la Premier que se había acogido al expediente de regulación temporal de empleo promovido por el gobierno inglés para reducir las secuelas económicas del coronavirus. Antes habían usado ese recurso legal equipos como Newcastle United, Tottenham Hotspur, Bournemouth y Norwich City, quienes ya habían explicado que suspenderían de empleo a los trabajadores no deportivos.

De momento, en la Premier no se ha producido, como en España (Barça, Espanyol, Alavés, Osasuna y Betis), Italia (Juventus) o Alemania (Bayern Múnich, Dortmund, entre otros) ningún recorte salarial sobre los futbolistas.

No era el Liverpool el primero, por lo tanto, que acudía a esa vía. Pero no midió la potencia de su marca, ahora que en tiempos de crisis tanto se valora y se mima ese detalle de proteger la reputación de la misma, ni calculó, por supuesto, la dimensión de su decisión.

Miraba, obviamente, el negocio por encima de las personas porque el Gobierno pagaba el 80% de ese salario a los trabajadores no deportistas y el club, el 20% restante.

El pasado fin de semana, el actual campeón de Europa dijo que se acogía al plan del gobierno británico para poder prescindir temporalmente de su personal no deportivo. De inmediato, salieron voces críticas para rebatir esa postura que trascendía de lo puramente comercial.

Exjugadores como Jamie Carragher y Stan Collymore abanderaron esa postura que alejaba a los dueños del club de la realidad social. Decisión tomada por Fenway Sports Group, propietarios del Liverpool, que también poseen los Boston Red Sox de la Major League Baseball.

Es el Liverpool el actual campeón de Europa y dueño casi de una Premier que no ha conquistado en su versión contemporánea desde hace 30 años. Aunque ‘This is Anfield’ es mucho más que un eslogan y una manera romántica de entender el juego.

Detrás de ‘This is Anfield’ se ha levantado una poderosa industria, que convierte al Liverpool en el el séptimo equipo más rico del mundo tras facturar 627 millones de euros la pasada temporada, declarando el pasado 20 de febrero 49 millones de beneficios antes de impuestos.

No hace ni dos meses de esa pomposa presentación económica. Ni tres días habían pasado cuando se vio obligado a rectificar ante la presión social a través de una carta abierta de Peter Moore, el CEO del club. “La semana pasada llegamos a una conclusión equivocada. Pedimos disculpas”.

Y Carragher agradeció el gesto. Como tantos millones de aficionados que en tiempos de crisis mundial no quieren perder su vínculo emocional con el club en el que se sienten representados. Y tampoco quieren perder eso.

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