¿Y después, qué?

Atrás queda la cascada de cancelaciones de la que solo se salvan, de momento, el Tour de Francia y los irreductibles bielorrusos. Atrás queda la aceptación del impacto económico, por cuantificar, que el Covid-19 tendrá en la industria del deporte a inmediato y corto plazo. Atrás quedan los ERTES y los recortes salariales mediáticos.

Delante tenemos la incertidumbre y, como decía Marcos López, los calendarios líquidos imposibles de solidificar hasta que el virus pase. Y más allá, la gran pregunta que ya no disimulamos: ¿Y después, qué? ¿Cómo va a cambiar el negocio del deporte tras este mega pause global a todos los niveles? Y mucho más allá: ¿Cómo va a cambiar el mundo? ¿Cómo va afectar a nuestras vidas? 

Partiendo de la base que nadie lo sabe, como nadie sabía hace 4 meses que un coronavirus iba a poner en jaque al sistema capitalista, vamos a jugar en el ámbito del más allá deportivo.

El mucho más allá lo dejo para otro día, aunque no veo a la humanidad cambiando demasiado nada, cuando tampoco estamos siendo capaces de dejar de destruir nuestro propio planeta por muchas evidencias autodestructivas que se nos presenten. 

Bueno, al lío: ¿será esto un punto de inflexión?, ¿habrá un antes y un después? Me voy a mojar sin tener la más mínima certeza: no lo creo. Me explico. No creo que, de aquí a tres, cinco o diez años miremos atrás y pensemos “haaaala, cómo cambió la industria la coronacrisis de 2020….”. No lo veo.

Lo que no significa que no vaya a afectar en absoluto y que no entremos, una vez se cuadre el puzzle del calendario y se defina el papel del espectador presencial, en una era de mayor regulación financiera por parte de los supraorganismos que rigen el deporte, especialmente, el fútbol.

Cambios, por otro lado, que la inercia de la industria, a su ritmo, ya iba camino de implementar, como el papel de los intermediarios o, emulando a las Grandes Ligas Americanas (espejo de mucho), el reclamado (por los clubes) límite salarial.

Esta crisis puede ser un acelerador de procesos en marcha, sin duda. Esta crisis puede ser un freno temporal a la inflación en cuanto a traspasos y salarios, también. Pero dudo muchísimo que esta crisis sea una revolución que reviente todos los modelos de negocio de una industria que funcionaba, y muy bien, en todo el mundo hasta que el Covid-19 nos paró el reloj.

Una industria en permanente transformación que genera riqueza, salud, emociones y entretenimiento. ¿Necesitamos algo más ahora mismo?

"Sensación muy extraña" Y el Tour...
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